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Como
seres sociales que somos, construimos nuestro punto de vista a partir
de conversaciones con los amigos, la familia, lo que hemos oído en la
televisión o en la radio.... Necesitamos interactuar con los demás o con
nuestro entorno para poder descubrir quiénes somos.
Para
responder a esa pregunta, que hace unos años se hacía durante la
adolescencia (hoy en día imposible de acotar en unas edades), se
necesita reflexionar sobre los comportamientos propios y sobre las
opiniones de los demás. Si un grupo grande de personas nos dice que
somos A y nos llevamos bien con esas personas, creeremos que somos A.
Especialmente si ser A es algo bueno y valioso. Pero uno se puede
preguntar: ¿soy realmente como dicen o creo que soy así porque me lo
repiten mucho? En ocasiones puede resultar incómodo pensar sobre esto.
Pensemos por un momento en un deportista famoso y en el porqué de sus
depresiones cuando se retiran. Durante mucho tiempo la mayoría de la
gente que les ve les anima y les hacen sentir que soy importantes;
cuando llega la retirada los admiradores desaparecen y se pasa a ser una
persona anónima que hace lo que todas las demás. Probablemente siempre
fue una persona más, aunque potenciada por los medios de comunicación se
pensaba más importante. Entonces ¿qué creernos?
Para
poder asumir una forma de ser se hacen necesarias dos condiciones:
explorar y comprometernos. Una persona que se comprometa con una forma
de ser (ej. ser humilde) pero no conozca a través de otras personas lo
que significa ser humilde, creerá falsamente que lo es. Una persona que
haya tenido muchas experiencias y haya conocido varia gente pero que no
se comprometa con una forma de ser no llegará a ser adulto, pues solo se
centrará en el disfrute queriendo cosas nuevas que le sorprendan. Y en
el caso de no explorar el entorno y tampoco comprometernos con nada nos
encontraríamos con una persona muy caprichosa que no quiere asumir un
papel y ningún papel le satisface, viendo siempre el aspecto negativo a
cualquier propuesta o idea; sin ajustarse nada a sus intereses y sin
saber qué buscan.
Algunos
pecamos de no querer conocer más cosas (nos centramos en nuestra rutina
y por qué cambiar) y otros tenemos miedo a perder cosas si nos
comprometemos con algo. En ocasiones si queremos avanzar tenemos que
librarnos de una parte de nosotros para transformarnos en otros mejores.
Si queremos crecer como personas necesitamos deshacernos de algo
nuestro para acoger otras cosas que nos van a enriquecer. A no ser que
nos pueda el miedo o la comodidad.
* Imagen extraída de psicocentral.com

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