jueves, 2 de octubre de 2014

¿Quién eres realmente?

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Como seres sociales que somos, construimos nuestro punto de vista a partir de conversaciones con los amigos, la familia, lo que hemos oído en la televisión o en la radio.... Necesitamos interactuar con los demás o con nuestro entorno para poder descubrir quiénes somos.

Para responder a esa pregunta, que hace unos años se hacía durante la adolescencia (hoy en día imposible de acotar en unas edades), se necesita reflexionar sobre los comportamientos propios y sobre las opiniones de los demás. Si un grupo grande de personas nos dice que somos A y nos llevamos bien con esas personas, creeremos que somos A. Especialmente si ser A es algo bueno y valioso. Pero uno se puede preguntar: ¿soy realmente como dicen o creo que soy así porque me lo repiten mucho? En ocasiones puede resultar incómodo pensar sobre esto. Pensemos por un momento en un deportista famoso y en el porqué de sus depresiones cuando se retiran. Durante mucho tiempo la mayoría de la gente que les ve les anima y les hacen sentir que soy importantes; cuando llega la retirada los admiradores desaparecen y se pasa a ser una persona anónima que hace lo que todas las demás. Probablemente siempre fue una persona más, aunque potenciada por los medios de comunicación se pensaba más importante. Entonces ¿qué creernos?

Para poder asumir una forma de ser se hacen necesarias dos condiciones: explorar y comprometernos. Una persona que se comprometa con una forma de ser (ej. ser humilde) pero no conozca a través de otras personas lo que significa ser humilde, creerá falsamente que lo es. Una persona que haya tenido muchas experiencias y haya conocido varia gente pero que no se comprometa con una forma de ser no llegará a ser adulto, pues solo se centrará en el disfrute queriendo cosas nuevas que le sorprendan. Y en el caso de no explorar el entorno y tampoco comprometernos con nada nos encontraríamos con una persona muy caprichosa que no quiere asumir un papel y ningún papel le satisface, viendo siempre el aspecto negativo a cualquier propuesta o idea; sin ajustarse nada a sus intereses y sin saber qué buscan.

Algunos pecamos de no querer conocer más cosas (nos centramos en nuestra rutina y por qué cambiar) y otros tenemos miedo a perder cosas si nos comprometemos con algo. En ocasiones si queremos avanzar tenemos que librarnos de una parte de nosotros para transformarnos en otros mejores. Si queremos crecer como personas necesitamos deshacernos de algo nuestro para acoger otras cosas que nos van a enriquecer. A no ser que nos pueda el miedo o la comodidad.

* Imagen extraída de psicocentral.com

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